Un temblor de 3.7 en La Romana y la costumbre sísmica que casi nadie nota

 

La Romana .- Este sábado en la tarde, un sismo de magnitud 3.7 sacudió por unos segundos la comunidad de Batey Nigua, en la provincia La Romana. No hubo daños materiales ni víctimas, según el reporte preliminar, aunque sí generó preocupación entre algunos residentes de la zona. Las autoridades mantienen vigilancia para descartar réplicas.

Lo que la nota del hecho no dice, porque no tiene por qué decirlo, es que este tipo de temblor no es una rareza en esa parte del país: es casi rutina. La provincia La Romana registra un nivel de actividad sísmica considerado alto según monitores internacionales, y en las últimas semanas ha tenido sismos de magnitudes similares o superiores, incluyendo un 3.9 muy cerca del casco urbano a inicios de mes. La provincia vecina, San Pedro de Macorís, promedia más de 140 sismos de magnitud 3 o superior al año, es decir, más de 11 al mes, casi todos imperceptibles o apenas sentidos por la población.

Por qué tiembla tanto por ahí

La explicación de fondo es la misma que aplica a toda la isla: República Dominicana se asienta sobre la frontera entre la placa del Caribe y la de Norteamérica, dos bloques que se rozan constantemente a un ritmo de unos 2 centímetros por año. Esa fricción acumula energía en distintas fallas geológicas repartidas por el territorio, y de vez en cuando la libera en forma de sismos, la gran mayoría de baja magnitud y sin consecuencias, como el de este sábado.

Pero no todas las fallas dominicanas representan el mismo nivel de riesgo. La zona este del país, donde ocurrió este temblor, no es la que más preocupa a los especialistas. Esa distinción la lleva el norte, donde corre la Falla Septentrional, una estructura que va desde Montecristi hasta la bahía de Samaná y que geólogos como Claudia Germoso, de Intec, señalan como una de las de mayor potencial destructivo del país, con un período de recurrencia estimado en unos 50 años para eventos de gran magnitud, y sin haber generado un sismo mayor en más de siete décadas.

La costumbre no debería ser lo mismo que la calma

Ese contraste es, en realidad, el punto que más repiten los sismólogos dominicanos cada vez que ocurre un temblor menor como el de Batey Nigua: la frecuencia de sismos pequeños en zonas como La Romana o San Pedro de Macorís no debería adormecer a la población frente al riesgo real que representa el silencio prolongado en el norte. El Centro de Operaciones de Emergencia ha reconocido que, pese a las advertencias, buena parte de la población dominicana todavía no sabe cómo actuar antes, durante y después de un sismo, más allá de sentirlo y esperar a que pase.

Por ahora, el episodio de este sábado se queda en lo que fue: un susto breve, sin víctimas ni daños, en una zona donde la tierra tiembla con más frecuencia de la que casi nadie recuerda.

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