Santo Domingo.- Cuando en la avenida República de
Colombia, en Los Kilómetros o en Gascue el agua no llega o llega con
cuentagotas, la explicación no está en una tubería rota ni en un problema
puntual de la CAASD. Está en el Pacífico, a miles de kilómetros de distancia. El
fenómeno de El Niño, que la NOAA confirmó oficialmente establecido desde junio,
es hoy la causa directa detrás de uno de los episodios de escasez de agua más
severos que ha enfrentado el Gran Santo Domingo en los últimos años.
Lo que está pasando en Santo
Domingo, en números
La Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo
Domingo confirmó esta semana que el acueducto Haina-Manoguayabo, que debería
producir 91 millones de galones diarios, apenas está generando 21 millones: una
caída del 68%. Los sistemas Isa-Mana y Duey también operan muy por debajo de su
capacidad, afectando a Santo Domingo Oeste, Los Alcarrizos, Pantoja, Pedro
Brand y parte del Distrito Nacional. El río Nizao, que alimenta el acueducto
Valdesia, aporta actualmente apenas 1.93 metros cúbicos por segundo frente a
una demanda de 16.70. La institución ya incorporó decenas de camiones cisterna
para paliar la emergencia en los sectores más golpeados, mientras trasvasa agua
desde las presas de Jigüey y Valdesia, que por ahora mantienen reservas
suficientes.
La causa, según la propia CAASD, es la falta de
lluvias desde mayo en las cuencas que alimentan estos ríos, un déficit que el
Instituto Dominicano de Meteorología atribuye directamente al fenómeno de El
Niño.
Un patrón que se repite en todo el
Caribe
República Dominicana no está sola en esto. Puerto Rico
recibió esta semana una declaración federal de desastre agrícola por sequía,
con un 62% de su territorio bajo sequía severa. Los organismos meteorológicos
regionales, agrupados en el Sistema de la Integración Centroamericana, ya
activaron un estado de alerta preventiva para el sector agropecuario ante el
pronóstico de condiciones secas entre agosto y octubre en buena parte de
Centroamérica y el Caribe, con riesgo de menor disponibilidad de pastos, estrés
térmico en el ganado y mayor propagación de plagas.
Por qué el mismo fenómeno divide al
continente
Lo que hace particular a El Niño es que no golpea
igual a toda la región: mientras el norte de Sudamérica, Centroamérica y el
Caribe enfrentan menos lluvia y más calor, el sur del continente —zonas de
Argentina, Uruguay y el sur de Brasil— suele recibir precipitaciones por encima
de lo normal, con antecedentes históricos de inundaciones en las cuencas de los
ríos Paraná, Paraguay y Uruguay durante episodios fuertes como los de 1982-83 y
1997-98. En Chile, el norte minero enfrenta déficit hídrico que presiona la
producción de cobre, mientras el centro-sur del país se prepara para lluvias
intensas capaces de paralizar carreteras y puertos.
Este episodio, además, no es cualquier El Niño. La
NOAA ha señalado más de 90% de probabilidad de que el fenómeno continúe
fortaleciéndose hasta alcanzar una intensidad "muy fuerte", categoría
que solo se registra cada 10 a 15 años y que algunos especialistas ya comparan
con los eventos más intensos vistos desde mediados del siglo pasado. El geólogo
dominicano Osiris de León lo describió sin rodeos: 2026 transcurre en medio del
peor episodio de El Niño que se recuerda en años.
Lo que viene
Para República Dominicana, el organismo meteorológico
advierte que el riesgo de sequía se mantendrá durante el resto de 2026, en
momentos en que la temporada ciclónica —normalmente la principal fuente de
recuperación de las reservas de agua— se perfila más débil de lo habitual, precisamente
porque El Niño tiende a inhibir la formación de huracanes en el Atlántico. Es
decir: menos lluvia acumulada y, a la vez, menos probabilidad de que un evento
ciclónico llegue a aliviar el déficit. La recomendación de la CAASD, por ahora,
se reduce a lo básico: usar el agua de forma racional mientras el fenómeno
sigue su curso.
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